Y entonces recuerdas una promesa: la de una conexión sincera, un reencuentro con alguien que te vio sin máscaras, que te ofreció paz sin exigirte nada a cambio. (Dos de copas)
Pero también vuelven las palabras no dichas, las despedidas forzadas, los silencios que envenenaron lo que un día fue puro. Hay amor, sí, pero también hay cicatrices que no han sanado. (Tres de espadas)
No se trata de elegir entre el confort y el dolor, sino de entender que el verdadero equilibrio nace cuando enfrentas ambos. Porque no puedes llenar un vacío emocional con logros materiales, ni curar una herida antigua con una nueva ilusión sin cerrar la anterior.
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